Drogas: el último tabú del milenio
Artículo de Karina Malpica para el tercer número de la revista mexicana Desde la Penumbra escrito en 1998.

Las drogas son el último tabú del milenio. La última piedra angular del trinomio de lo prohibido a finales de los sesentas: sexo, drogas y rock & roll.
La liberación sexual que tuvo lugar durante la década de los setenta fue, más que una liberación, el estallido de una olla de represión emocionalmente sobrecargada. El rock fue algo más fácil de liberar debido a su todavía reciente nacimiento. No había, como en el caso del sexo, un historial prohibitivo heredado siglo tras siglo, de mente a mente y hasta en la memoria genética.
La última liberación que habrá de llegar con el nuevo milenio, será la de las drogas y en nuestras manos está el que no se convierta en un estallido represivo. Tratar de ocultar o manipular durante tanto tiempo la información acerca de las sustancias capaces de alterar la conciencia ordinaria ha sido una actitud retrógrada, oscurantista y medieval; propia de los aciagos y largos años en los que la Iglesia Católica quiso ocultar la existencia del orgasmo, haciendo creer que en el sexo había pecado y suciedad en vez de amor y placer.

Ahora que estamos transitando del paradigma antropocéntrico al paradigma de la integración, lo más elemental, lo más sensato, la evidencia hacia la cual señala el sentido común, es precisamente que como la sociedad irreversiblemente globalizada que estamos en vías de ser (y en varios aspectos ya somos), comencemos a liberar la información sobre las drogas; antes de plantearnos seriamente la posibilidad de despenalizarlas.
Tratar de prevenir el "pecado" de querer modificar la propia conciencia escondiendo la verdad para no tentar a los "herejes en potencia", o peor aún, tergiversar esa verdad o simplemente desentenderse de ella y mentir cubriendo nuestra ignorancia para crear confusión y disuadir la curiosidad provocando miedo, es una estrategia propia de la edad media. No obstante, en el caso de las drogas, seguimos haciendo uso de ella atrincherados en nuestra ignorancia y nuestros propios temores. Parece que aún no aprendemos a ensayar nuevas tácticas para evitar las conductas que socialmente percibimos como peligrosas, aquellas que nos escandalizan y nos hacen sentir amenazados, aquellas que nos llevan a reaccionar con más miedo e ignorancia perpetuando el mismo estado de cosas que en primera instancia lo ha provocado.
Durante los cerca de cinco siglos en que prevaleció la represión sexual, ésta ocasionó una enorme cantidad de energía negativa en nuestro ambiente social, producto de la acumulación colectiva de sentimientos de culpa, vergüenza y autodevaluación individual en millones y millones de humanos a lo largo de generaciones. Generaciones aprisionadas por el miedo arrastrando una cadena desastrosa de consecuencias tales como abortos clandestinos, castigos, torturas psíquicas, mutilaciones, enfermedades venéreas y exclusión social.
Durante los últimos quinientos años, pero con un recrudecimiento especial en lo que va de este siglo, la represión de las drogas también ha ocasionado un caudal energético similar de sentimientos de culpa, vergüenza y desvalía además de castigos, adicciones, criminalidad, exclusión social, muertes por sobredosis y otros problemas derivados tanto de la desinformación como de la misma prohibición.
Así como hasta hace relativamente poco aún prevalecían los últimos mitos sobre el tabú de la sexualidad ("te quedas ciego si te masturbas", o "te sale acné si lo haces muy seguido"), aún nos toca convivir con los mitos relativos a las drogas (droga = muerte, consumidor = adicto, adicto = criminal, "si las pruebas se apoderan de ti y tu vida se convertirá en un infierno ", "una vez que te enganchas jamás podrás dejarlas y robarás y matarás para conseguirlas y destruirás a tu familia y..." etc.)
Establecer la verdad en cuanto al tema de las drogas y deslindarla de los mitos y creencias ofreciendo información veraz, objetiva y ecuánime, es pues uno de los primeros retos que enfrentaremos como sociedad en nuestra larga y apretada agenda global que incluye temas tan prioritarios como la salud del medio ambiente que compartimos y el respeto efectivo a los derechos humanos.
La despenalización de las drogas se va a dar tarde o temprano, eso es un hecho. Si no es en esta generación será en la próxima, cuando los consumidores de fin de semana de drogas de diseño y smart drugs adquieran posiciones de poder económico y social, y al no desconocer ni temer lo que temían sus padres y sus abuelos, aprovechen alguna coyuntura económica de déficit presupuestario para el sector salud o algo así y, liderados por algunos políticos de ocasión que esgriman la necesidad de recaudar más impuestos sin el coste macroeconómico de una reforma fiscal, decidan ponerle fin a una prohibición que no ésta fundamentada en razones farmacológicas, muy convencidos de que, después de todo, las drogas no son tan malas y pueden ser muy redituables.
Ojalá que ya estemos preparados para esas circunstancias y seamos capaces de evitar, tanto un previsto boom producto de la liberación, como la repetición de los mismos patrones y la problemática familiar y social derivada del abuso del alcohol y el tabaco, nuestras drogas más duras y más aceptadas.
Durante el proceso de liberación sexual, en la época del amor libre, tuvimos oportunidad de observar el boom de la promiscuidad, divorcios, abortos, pornografía, showgirls, sida, etc., como efecto secundario de soltar de golpe uno de los extremos de la liga. De acuerdo a la ley de compensación, antes de alcanzar el equilibrio, hay que hacer una visita de rigor al polo opuesto, así es que más nos vale destensar la liga de las drogas antes de soltarla, y esta distensión comienza obligatoriamente por dejarnos de mitos y comenzar a exponer la verdad antes de mirarnos a los ojos y empezar a vislumbrar las verdaderas causas de nuestra sintomatología social...
Se teme que la liberación de las drogas hasta ahora prohibidas podría conllevarnos a un periodo inicial de problemas de sobredosis, adicciones y enfermedades asociadas al consumo mientras la novedad pase. Aunque algunas personas piensan que los que quieren consumir ya lo están hacen y lo seguirán haciendo con o sin prohibición mientras no decidan lo contrario, también hay quienes prevén que este periodo pueda ser acortado con el simple acto de inteligencia elemental de dar información verídica, confiable y detallada a los posibles nuevos usuarios, con la misma libertad con que se reparten condones y se habla sobre el embarazo y el sida a los adolescentes que comienzan su vida sexual.
La nueva responsabilidad sexual que por el momento aún coexiste con el polo de los excesos, promueve un regreso a los valores de pareja, fidelidad sexual, planeación del embarazo, sexo seguro, amor, curación y en últimas fechas, al crecimiento espiritual por la vía de lo que empieza a conocerse como las doctrinas del tantra...
Promover la responsabilidad en el uso de drogas, no sólo es posible, sino indispensable. Rescatar los valores de la moderación, el autogobierno y la templanza, nos puede llevar a una etapa de reducción de adicciones, experiencias seguras, comprensión, curación y ¿por qué no? de expansión espiritual mediante el uso adecuado, el contexto requerido y la brújula de nuestra voluntad de reencontrarnos con nuestro Espíritu.

Rock & Drugs: Binomio de condena y prohibiciónArtículo de Karina Malpica publicado en el número 14, agosto-septiembre 1997, de la revista mexicana Hojas de utopía

Get stone when you're walking on the street recomendaba Dylan a miles de jóvenes mientras marchaban en pro de los derechos civiles. Get stone when you're trying to be so good enmedio de la guerra fría, get stone when you're there all alone frente al asesinato de John F. Kennedy, get stone when you're riding in you're car bajo el temor a la bomba atómica, get stone when you're traying to make a book en plena escalada del conflicto de Vietnam, con protestas y cantos en contra get stone when you're playing your guitar...
El rock sublimó la necesidad de novedades positivas y actuó como soundtrack de una década que, a los ojos del Establishment, estaba mostrándose peligrosamente contestataria. Aquella fue una explosión mundial que dividió a la sociedad, no por clases ni por razas, sino por edades: la decadente ideología wasp había sido herida con una descarga sonora capaz de modificar el comportamiento, el modo de vestir, las expectativas económicas y las opiniones políticas de toda una generación.

Siguiendo el ejemplo de Bob Dylan y The Beatles, muchos grupos comenzaron a realizar experimentaciones líricas e instrumentales. La escuela del norteamericano enseñaba un nuevo vocabulario, las directrices estilísticas de los ingleses marcaban pautas al sonido, y las llamadas drogas psiquedélicas (1) (LSD, psilocina, psilocibina, mezcalina, STP, ALD-25, etc.) completaban el cuadro actuando sobre los estados de conciencia de un enorme sector ávido de escapes.
La música de Grateful Dead surgió precisamente gracias a un empleo desinhibido de sustancias psiquedélicas. El líder de la banda, Jerry García nunca ha temido confesarlo: «Todos los Dead hemos tenido problemas con la droga en algún momento de nuestra carrera. Pero siempre respetamos una regla: que cada uno de nosotros era libre de hacer lo que quisiera sin sentirse responsable ante los otros.» (2)

The politics of ecstasy
La experimentación creativa con drogas de varios tipos siempre había encontrado cabida en la Unión Americana. A finales de 1959 en la universidad de Harvard se puso en marcha el ambicioso Proyecto de Investigación Psiquedélica dirigido por el profesor Timothy Leary, titular de psicología clínica. El LSD era la droga más potente descubierta hasta entonces, tanto que su dosis debía medirse en millonésimas de gramo o gammas. La dosis activa en humanos iba de 0.000003 a 0.000001 por kilo de peso. Su toxicidad (dosis activa/dosis letal) era anormalmente baja; en la heroína puede ser de 1/5, en el barbitúrico de 1/4, mientras en el LSD era de 1/600. Además resultaba ser un fármaco desprovisto de tolerancia que al usarse con asiduidad diaria simplemente dejaba de hacer efecto.
El proyecto tuvo gran aceptación social y un año después, entre el numeroso grupo de psiconáutas que acudían los fines de semana a reunirse con Leary se mezclaban alumnos y profesores de las diversas facultadesd de la universidad con varios escritores de la corriente beat y algunas personalidades de la farándula y los negocios.
Las actividades del grupo se vieron entonces escindidas por dos tendencias opuestas: una era la del escritor inglés Aldos Huxley quien proponía permanecer dentro del encuadre médico actuando con cautela, y la otra estaba representada por el poeta norteamericano Allen Ginsberg, que pugnaba por democratizar el uso de sustancias psicoactivas para consumar una revolución en el plano sexual y en el político. Se dice que Ginsberg pasó parte de su primera experiencia intentando contactar telefónicamente a Kennedy y a Kruschev para instarlos a la paz.
Las posturas del poeta beat y de Huxley reflejan cabalmente el ánimo de un gran sector de la población de esa época. En The politics of ecstasy (1964) Leary presentó las proposiciones huxleyanas -muchas de ellas coincidentes con las de Herbert Marcuse- en términos accesibles a nivel popular como expresión de un espontáneo rechazo ante formas anacrónicas de vida y de organización social que tenía su principal apoyo en la juventud y sólo adoptaría tintes dramáticos si tratara de frenarse irracionalmente, con simples medidas represivas. «La meta era evitar la degradación del medio ambiente, las guerras de agresión, las manipulaciones de la propaganda política, las sumisión del hombre a la tecnología, el imperio indiscutido de la moral wasp, el silencioso envenenamiento de la población con drogas embrutecedoras y venenosas, todo ello gracias a un retorno hacia formas sencillas de vida, la liberación del sexo...» Esta política de éxtasis era tan ingenua e idílica para sus adeptos como delirante y peligrosa para aquello que entonces empezaba a llamarse el Establishment.
Sin embargo, la ingenuidad no era sólo de Leary, era de toda la juventud que constituía «su principal apoyo». Mientras los psicólogos y psiquiatras exploraban los usos clínicos de las drogas psiquedélicas, los hipsters organizaban grupos como la Fraternidad del Amor Eterno, dedicada a importar toneladas de marihuana y hachís para poder regalar LSD como «caritativa distribución de un sacramento»; confraternizaciones de fin de semana entre freaks y hell angels con LSD y galones de cerveza; concentraciones masivas como Woodstock y la Reunión de las Tribus en San Francisco, donde cada persona recibía como cortesía marihuana, LSD o alguna variante como el ALD-25 (mejor conocido como sunshine); mítines políticos en donde líderes estudiantiles como C. Oglesby declaraban que «la experiencia del ácido marca una frontera en tu vida -antes y después del LSD- comparable al paso que representa adherirse a una postura de radicalismo político».

El vuelo de los psiconáutas
Ken Kesey articuló varias claves del movimiento contracultural en su libro One flew over the Cuckoo's nest (posteriormente llevado al cine y traducido en nuestro país como Atrapados sin salida). Escrito bajo los efectos de LSD, peyote y psilosibina, el texto se complementa con otras invenciones de su autor: los acid-test -en los cuales se improvisaba música, se leían poemas, se escenificaban danzas, obras de teatro, etc.- y los viajes químico geográficos del no-Captain Kesey con sus merry pranksters a lo largo y ancho de la Unión Americana. Todos ellos plenamente documentados en textos como el Electric Acid Kool Aid de Tom Wolfe y en canciones como Trukin' de Grateful Dead. Esta banda se convirtió en invitado fijo de los acid-test. Cada uno de sus conciertos duraba entre seis u ocho horas y su comuna, ubicada en el 710 de Ashboury Street en San Francisco, era una de las más activas. Integrada en su mayoría por artistas que subsistían repartiendo sus respectivos ingresos entre todos, el objetivo de la comuna era demostrar que se podía vivir al margen del Establishment.
Jefferson Airplane, otra de las bandas asiduas a los acid-test, compuso en aquel legendario entorno White rabbit, una rola que pronto se convirtiría en el himno al empleo libre del ácido. Grace Slick, su vocalista, explica que: «no estaba dirigida a los jóvenes, sino a sus padres. No era una exhortación de la droga. Nosotros la tomábamos, es cierto, pero no nos interesaba hacer prosélitos. Queríamos decirle a los más viejos: 'Dicen que no nos droguemos, pero, cuando somos niños, nos dan a leer libros como Peter Pan y Alicia en el país de las maravillas, que son viajes psicodélicos perfectos'. Es una contradicción.» (3)
Del otro lado del océano la cosa no era distinta. En varios clubes londinenses la música psicodélica se enlazaba con lecturas poéticas, conciertos de sitar y de percusiones africanas, proyecciones de películas de Buñuel, espectáculos teatrales de sátiras políticas y de free-jazz, todo en la búsqueda de un «arte total». Allí se mezclaban gentes como David Bowie y Keith Moon entre los más frenéticos amantes de la noche londinense: fiestas, alcohol, drogas y sexo eran el entorno inevitable de una voluntad de vivir que estimulaba la creatividad.
Espero morir antes de llegar a viejo, gritaba The Who a finales de 1965. My generation también se transformó en himno, Pete Townshend relata: «Escribí My generation en un periodo de mi vida en el que la amargura estaba en la cumbre de la moda y en la agresividad, era el requisito absoluto del mod.» (4) El trabajo de The Rolling Stones parecía tender cada vez más a presentarse como una reescritura alucinada y violenta del deseo existencial de los jóvenes dentro de una realidad caótica y descorazonada. Las letras de Jagger hablan de dezasones existenciales, ironías sobre los medios de comunicación y la idiotez de la publicidad. Empleando múltilpes aluciones sexuales, se convirtien en nuevos himos de una generación resentida. Ese mismo año Keith Richards explicaba a la prensa: «Nuestra religión es la destrucción de todas las religiones y de todos los prejuicios, nosotros queremos la liberación del hombre. Cuando oímos a la banda gritar con nosotros, nos damos cuenta de que desarrollamos un verdadero servicio social» (5). Las actuaciones de éste y otros grupos enmedio de masas delirantes, con choques entre policías y fanáticos, provocan condenas y reacciones escandalizadas por parte de la opinión adulta. En fin, las actitudes y actividades de la juventud europea y norteamericana durante esas épocas están bastante documentas y lo que interesa ahora es destacar que hasta ese momento, aunque las drogas habían dado lugar a subculturas, no había existido nunca una alternativa cultural prácticamente completa con un programa que, por más ambiguo que resultase, estaba basado en una efectiva condición de libertad y dignidad individual.

La prohibición
A instancias del gobierno norteamericano, la ONU se encargó de reunir a sus países miembros en Ginebra durante la Convención Única de 1961. En ella los convocados se comprometieron a prohibir en sus respectivos países el consumo de fármacos (algunos ya prohibidos por convenios anteriores aunque no siempre globales) tales como: opio, heroína, marihuana, cocaína, morfina y otras substancias derivadas de los principios activos de plantas como la adormidera, el cáñamo y la coca. Con esta medida lograron maximizar las ganancias de las empresas multinacionales de producción y comercialización de armas (para surtir al narcotráfico y a los represores del mismo) y medicinas (o sea, drogas no prohibidas). A partir de 1961, las drogas quedaron pues técnicamente divididas en lícitas e ilícitas y conceptualmente estigmatizadas como buenas o malas.
El movimiento contracultural relacionado con las drogas psiquedélicas contribuiría a solidificar el estigma y en 1966, una segunda legislación global prohibió el uso de las drogas psiquedélicas. Se calcula que hacia 1970 alrededor de quince millones de personas en el mundo habían utilizado LSD por lo menos alguna vez. Son muchos los que consideran difícil que sin LSD y sus afines hubiera existido el movimiento psiquedélico, y a la inversa, que sin él esas substancias hubiesen ingresado en el terreno de la prohibición.
De nada sirvió que ese mismo año Paul McCartney (el último beatle en probar LSD) declarara a la revista Life: «Me abrió los ojos, me hizo mejor, más honesto y tolerante». Como lúcidamente asegura Octavio Paz en Corriente alterna (1967): «Puede entenderse ahora la verdadera razón de la condenación y su severidad: la autoridad no obra como si reprimiese una práctica reprobable o un delito sino una disidencia. Puesto que es una disidencia que se propaga, la prohibición asume la forma de un combate contra un contagio del espíritu, contra una opinión. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue una herejía, no un crimen.»

La herejía del rock
Con prohibición o sin ella, la herejía continúa y fortificada. En 1967 en un estudio de Abbey Road Pink Floyd graba The piper at the gates of down mientras en otra sala The Beatles termina Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. El primer disco es un auténtico manifiesto de la psicodelia británica, mezcla de realidad y de sueño, alucinación y fantasía. Del segundo qué decir sino que contiene la hiper clásica Lucy in the Sky with Diamonds. Ese mismo año la policía efectúa una redada en la casa de uno de los Rolling Stones. La novia de Mick Jagger es soprendida bajo los efectos del hachís, a Jagger lo detienen por posesión de pastas ilegales, a Robert Freser le incautan varias dosis de heroína, a George Harrison de ácidos y a Keith Richards lo arrestan por prestar su vivienda para el consumo de «sustancias prohibidas». A partir de entonces las detenciones de grandes músicos por posesión de drogas, resultan una constante.
En los Estados Unidos Janis Joplin sigue cantando All is loneliness, mientras Velvet Underground causa estragos entre los detentores del flower power y las good vibrations con un primer álbum que habla de drogas, sadomasoquismo, situaciones ambiguas, amores invertidos y portadas de Warhool. En ese productivo año Jimi Hendrix -cuyo álbum debut Are you experienced? es otro de los vértices del triángulo psiquedélico junto con Piper y Sgt. Peper- graba su Stone free y asegura: «Estamos transformando nuestra música en gospel eléctrico, un nuevo tipo de Biblia, pero no como la encontramos en los conventos: una Biblia que llevas en el corazón y te da una sensación física. Música liberada, dura, que bate fuerte sobre el alma para abrirla. Como el electroshock o un abrelatas» (6). Dos años después colabora en un álbum dedicado a ponderar los beneficios del ácido: You can be anyone this time around. Este LP, producto de un palomazo entre los míticos Hendrix, Timothy Leary, Stephen Stills, John Sebastian y Buddy Miles es calificado por muchos como el primer disco acid house de la historia.
Después de las escandalosas represiones estudiantiles del 68 y de su controvertido Light my fire, The Doors continúa en plena experimentación psiquedélica y lanza el video promocional de The unknown soldier manifestando su compromiso pacifista. Lo mismo hace The Beatles con The white album. En 1969 hay otra premier histórica por parte de The Who. A partir de su lanzamiento, Tommy, la primera gran ópera rock se convirtió en un clásico. la cadena de visicitudes de Tommy, un niño privado de los cinco sentidos, objeto de oscuras maquinaciones por parte de quienes le rodean, se transformó en la gran metáfora de toda una generación que quería recuperar los sentidos macerada por el consumismo de la postguerra. También en el 69 Pink Floyd lanza su Ummagumma. El track Careful with the axe Eugene sintetiza la unión entre música y droga psiquedélica a través de una especie de descripción sonora, extravagante y mágica de un súper viaje. Un año después -año en que Syd Barrett, iluminado materializador de alquimias sonoras y de circunloquios entre el inconciente y la neurosis, se marchó por su camino de locura- la bucólica portada de su Atom heart mother es un guiño a los expertos usuarios del hongo que paracita las excreciones de las vacas retratadas.
En el 71, después del Let it be, otro de los célebres arrestos de John Lennon y la separación definitiva de su banda, The Rolling Stones siguen rindiendo culto a sus psicoactivos favoritos, claman por su Sister Morphine y su Cousin Cocaine, luego preguntan: Brown sugar (nombre común de la heroína sin refinar) How como you taste so good / Brown sugar / Just like a young girl should...

CITAS
1. Humprhy Osmond propuso designar a este tipo de drogas como psiquedélicas, por considerar que el prefijo psico tenía connotaciones de enfermedad, mientras que el de psique rescataba el carácter espiritual de su etimología.
2. Enciclopedia de Rock, Planeta, España, 1993, Tomo I, p. 170.
3. Ibid., p. 177.
4. Ibid., p. 152.
5. Ibid., p. 143.
6. Ibid., p. 202.